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El crédito al consumo en España es el más caro de la zona Euro

dinero efectivoDesde que el Banco Central Europeo comenzase con su política de bajos tipos de interés, el euríbor, que marca el tipo de interés del mercado interbancario, no ha hecho más que descender hasta situarse en niveles nunca vistos hasta ahora, llegando a situarse incluso por debajo de cero. De hecho, algunos países, entre los que se encuentra España, disfrutan de emisiones de deuda pública con un interés por debajo de este nivel psicológico. Este fenómeno sin precedentes se ha trasladado a los productos financieros, que están más baratos que nunca, y hacia los productos destinados al ahorro, que ofrecen las rentabilidades más bajas de la historia.

Sin embargo, cabría preguntarse si las medidas del BCE han tenido el efecto deseado. Si su objetivo era que el crédito sea más barato para, de esta manera, aumentar el consumo de los hogares, la respuesta es no, al menos en nuestro país, y al menos para algunos tipos de financiación. Y para muestra, un botón: el crédito al consumo en España para plazos de entre uno y cinco años, los más comunes, tiene uno de los costes más altos de toda la zona euro, al situarse en agosto en el 8,16%, muy por encima de los países de su entorno y un 72% por encima de la media de la zona euro.

Así, España tiene un tipo de interés superior al de Alemania (6,06%), Bélgica (5,10%) o Francia (4,16%), pero inferior al de Grecia (9,22%), según se desprende de los datos recogidos por el Banco Central Europeo, que incluyen las estadísticas de los países del euro. Bien es cierto que no todos los instrumentos de financiación son igual de caros. Así, mientras el coste de los préstamos hipotecarios cerró agosto en el 1,35%, el tipo de interés aplicado a los préstamos a consumo en todos sus plazos se situó en el 6,01%. 

¿La falta de demanda solvente explica este problema?

Desde que comenzó la crisis, muchas familias españolas y diversos colectivos se han dedicado a denunciar que el grifo del crédito estaba cerrado. Motivos tenían para ello, pues la concesión de crédito se redujo de forma drástica y casi sin avisar. Sin embargo, las entidades financieras tenían razones de peso para no abrirlo: el elevado apalancamiento de la economía española era una losa demasiado pesada para encontrar demanda solvente de crédito que no aumentase la elevada tasa de morosidad que, por aquel entonces, estaba presente en España.

Esta circunstancia, además, se convirtió en la excusa perfecta para aumentar los tipos de interés de los préstamos y créditos concedidos a las familias y empresas españolas. Ese mayor interés se utilizó como compensación por el mayor riesgo asumido por las entidades financieras al prestar el dinero a los agentes económicos. 

Sin embargo, la falta de solvencia parece haber dejado de ser un problema. Por un lado, porque el coste de las hipotecas es cada vez menor, con un euríbor en negativo, un diferencial que cada vez es más bajo y unas condiciones de concesión cada vez más laxas que han provocado, entre muchas otras cosas, que en muchos debates económicos se plantee la posibilidad de que sea el banco quien pague a sus clientes. Además, esta circunstancia coincide con un contexto en el que el saldo de crédito al consumo concedido por los bancos españoles ha aumentado por primera vez desde 2009. En marzo, este saldo alcanzaba los 161.529 millones de euros, un aumento de un 0,66% con respecto al mes anterior.

¿Entonces, cuál es el problema?

Según muchos expertos, el elevado tipo de interés que todavía tienen que pagar los particulares por el crédito al consumo se explica por la mayor concentración bancaria. En la actualidad, y como consecuencia de la reestructuración del sector bancario, las entidades financieras operan en régimen de cuasi-oligopolio, por lo que se pueden permitir aplicar unas tasas de interés más bajas a sus préstamos.

Sin embargo, las propias entidades han desmentido que sea esta la razón principal, argumentando que los precios que se aplican en este tipo de servicios están en línea con el riesgo de mora de los clientes de productos financieros. Sea como fuere, lo cierto es que la política monetaria del BCE todavía no ha llegado a los hogares en forma de créditos más baratos. ¿Lo veremos en algún momento?



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