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El fracaso del SAREB: los accionistas rechazan aportar más capital

logo sarebLa SAREB (acrónimo para Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria) se creó allá en el año 2012 con el objetivo de absorber los activos tóxicos de las entidades financieras resultantes del pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la consecuente reestructuración bancaria. Se constituyó con un capital compuesto en un 55% por aportaciones públicas a través del FROB y en un 45% por otras entidades financieras privadas, entre las que destacan el Santander, Caixabank y el Banco Sabadell. En total, 1.200 millones de euros de capital y 3.600 millones de euros en deuda subordinada.

Su constitución se realizó a imagen y semejanza de otros bancos malos que tanto éxito habían tenido en otros países como Irlanda, aunque con una salvedad: como sociedad de gestión de activos que era, no disponía de licencia bancaria, lo que suponía que no podía acceder a los préstamos y otras facilidades permanentes del Banco Central Europeo en caso de necesitar liquidez, con todo lo que ello colnleva. Además, desde su creación, se dispuso que en el plazo de quince años se debería proceder a la desinversión de todos sus activos, siendo el objetivo de esta sociedad la obtención de la máxima rentabilidad posible fijada, como mínimo, en un 15%.

Sin embargo, desde 2012, la realidad ha sido otra completamente diferente. La pérdida de valor de los activos tóxicos ha provocado que la SAREB haya tenido que asumir pérdidas en los ejercicios de 2013 y 2014, y se prevé que vuelva a dar pérdidas en 2015 y 2016, en parte debidas a las exigencias del Banco de España. Unos datos que evidencian el fracaso de una entidad controlada en su mayoría por capital público que, si bien ha servido para sanear los balances de las entidades en problemas, lo ha hecho a costa del contribuyente.

No obstante, la SAREB niega que estas pérdidas vayan a suponer nuevas ampliaciones de capital con nuevas aportaciones de sus principales accionistas, ya que todavía puede transformar los 3.600 millones de euros que tiene en deuda subordinada en capital, haciendo que sus tenedores se conviertan en accionistas y sean ellos mismos quienes asuman la pérdida. En cualquier caso, no hay que olvidar el 45,9% de esta deuda subordinada (en concreto, 1.652,40 millones de euros) está en manos del FROB, o lo que es lo mismo, del Estado español por lo que, de nuevo, seremos los contribuyentes quienes tengamos que asumir estas pérdidas.

Una nueva valoración por obligación del Banco de España

La nueva circular del Banco de España ha obligado a la SAREB a valorar toda su cartera de activos a precios de mercado actualizados. Y no son pocos: cerca de 100.000 inmuebles en propiedad, 400.000 inmuebles en garantía y 70.000 préstamos hipotecarios. Una tasación que será realizada por expertos independientes y que podría acarrear nuevas pérdidas puesto que, si bien ya se hizo una primera valoración de los activos durante el primer año de vida de esta sociedad, lo cierto es que todavía faltan muchos activos por tasar, muchos de los cuales tienen todavía un valor en libros proveniente del pico de la burbuja inmobiliaria.

Es más, esta normativa exige a la SAREB que presente valoraciones de al menos el 50% de su cartera durante lo que resta de año, o lo que es lo mismo, volver a tasar casi 250.000 inmuebles en tres meses, una media de 2.800 inmuebles al día. Casi nada.

Se trata, por tanto, de un auténtico fracaso. Si el objetivo de la SAREB era obtener una rentabilidad del 15% en quince años, la realidad nos muestra un panorama auténticamente desolador. Y no solo porque estemos lejos de esta rentabilidad, sino también, y mucho más importante, porque las pérdidas las vamos a tener que asumir los mismos de siempre: los contribuyentes.



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Al final siempre a pagar los mismos, pérdidas públicas, ganancias privadas...