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Cómo aplazar el pago de tus préstamos personales

A veces las cosas se tuercen y nuestra situación económica empeora hasta tal punto que no somos capaces de cumplir con nuestras obligaciones financieras más inminentes.

Obviamente, y bajo ningún concepto, debemos fallar en los pagos de la cuota de un préstamo, dado que las penalizaciones y los intereses de demora pueden llegar a ser prohibitivos y dejarnos peor de lo que estábamos al solicitarlo.

En su lugar, debemos encontrar la mejor forma de aplazar el pago de los préstamos personales hasta que nos encontremos con mayor holgura económica y podamos hacer frente al pago de dichas deudas.

Opciones para aplazar el pago de tus préstamos personales

Préstamos personalesSi nos encontramos en una situación en la que no somos capaces de pagar las cuotas de un préstamo personal, debemos ponernos en contacto con nuestro gestor bancario para encontrar la mejor solución.

Ten en cuenta que, en principio, las entidades bancarias prefieren evitar la morosidad de sus clientes, así que se mostrarán favorables a llegar a un acuerdo que te permita salir adelante.

En cualquier caso, debes asegurarte de contactar con tu banco antes de que llegue la fecha de pago de la cuota del préstamo; es decir, debes encontrar una solución antes de incurrir en mora o retraso de los pagos.

1) Solicitar un periodo de carencia

El periodo de carencia es la solución más habitual en aquellos casos en los que el cliente necesita disponer de un plazo durante el cual dejar de pagar parte o la totalidad de las cuotas pendientes.

Habitualmente, se ofrece en los préstamos académicos o los préstamos a emprendedores, para que éstos no se vean obligados a comenzar a pagar mientras están estudiando o comenzando su nuevo negocio.

No obstante, cualquier persona puede acogerse a un periodo de carencia, ya sea al comienzo de la vida del contrato o en algún momento posterior.

Como indicábamos hace un momento, la carencia puede ser de varios tipos:

  • Carencia de amortización, a través de la cual sólo se pagan los intereses generados por el préstamo; es decir, no se paga la cantidad que correspondería a la amortización del capital principal. Esto contribuye a reducir enormemente la cuota a pagar.
  • Carencia total, en cuyo caso no se paga nada, ya sea en concepto de amortización del capital o en concepto de intereses. Se trata de la opción más agresiva.

Los contratos de algunos préstamos pueden prever la posibilidad de solicitar un periodo de carencia en caso de ser necesario. Si es así, no dudes en iniciar el procedimiento. En caso contrario, consulta con tu gestor la posibilidad de acogerte a un periodo de carencia.

2) Aplazamientos breves

Los aplazamientos breves no son otra cosa que periodos de carencia que duran muy poco tiempo; por regla general, afectan a una sola mensualidad.

Muchos contratos y entidades financieras los prevén, de forma que aquellos clientes que puedan tener un apuro económico en un mes concreto puedan acogerse a ellos y no pagar la cuota de su préstamo.

3) Novación del préstamo

En los casos más extremos, puede ser necesario proceder a cambiar las condiciones del contrato, de forma que se firme un nuevo acuerdo con un plazo de amortización más extenso y unas cuotas mensuales más reducidas.

Para ello debe procederse a la novación del préstamo. Debe tenerse en cuenta, no obstante, que la novación puede acarrear el pago de una comisión que correrá por cuenta del cliente deudor.


Aplazar el pago debe ser siempre la última opción

Sea cual sea la opción por la que te decantes o el acuerdo al que llegues con la entidad financiera para proceder a aplazar el pago, debes tener siempre presente que el aplazamiento supone que terminarás pagando más intereses por tu préstamo.

Por lo tanto, no se trata de una medida que debas tomar por motivos de comodidad como, por ejemplo, para disponer de más dinero para otros gastos de carácter secundario.

Si puedes pagar tus préstamos en los plazos acordados, no solicites aplazamientos. Tan sólo estarás empeorando tu situación financiera, pues lo que no pagues ahora, lo tendrás que pagar más tarde y resultará más caro.

Evita tener que aplazar el pago con una previsión adecuada

Por supuesto, lo ideal es evitar llegar a la situación de no poder pagar un préstamo, para lo cual hay que adoptar una actitud previsora respecto a nuestros niveles de endeudamiento.

1) Gestión financiera

Debes ser consciente de tus deudas y de las cuotas que te has comprometido a pagar. Una vez tengas eso bajo control, debes controlar tus gastos, reservando siempre por adelantado el importe necesario para afrontar los pagos y, preferiblemente, contando con reservas para imprevistos. Este tipo de gestión financiera te ahorrará muchos disgustos.

2) Condiciones contractuales apropiadas

Cuando solicites un préstamo personal, asegúrate de establecer unas condiciones que puedas cumplir.

Para ello:

  • Jamás solicites más dinero del que realmente necesitas. Será un dinero que tendrás que devolver con intereses.
  • No establezcas unas cuotas demasiado elevadas, respecto a tus ingresos y nivel de endeudamiento actuales. Cualquier imprevisto puede dejarte en una situación comprometida.

3) Ahorra para proceder a una amortización anticipada

En lugar de comprometerte con cuotas cuyo importe te suponga estar con el agua al cuello, te sugerimos comprometerte con una cantidad fija algo más razonable o proceder a ahorrar todo el excedente de capital que te sobre mes a mes.

Llegado el momento, puedes proceder a efectuar una amortización anticipada que, de seguro, te resultará más económica que pagar las penalizaciones e intereses de demora por no haber pagado una cuota a tiempo.

¿Conviene pedir un préstamo para pagar otro?

Aunque ya escribimos un extenso artículo donde exponíamos los pros y contras de pedir un préstamo para pagar otro, a modo de resumen podemos decirte que en realidad no es buena idea pedir un préstamo para pagar otro porque lo que se está haciendo es pagar dobles comisiones.

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Aun así hay casos en los que sí puede ser buena idea, aunque la casuística nos dice que es poco probable que esto suceda.

Esto ocurre cuando las comisiones de amortización anticipada son muy bajas y el nuevo préstamo que queremos solicitar tiene unas condiciones mucho más beneficiosas, haciendo así que realmente se pague menos por el préstamo, aunque por regla general -como ya apuntamos- no suele suceder casi nunca.


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